Luego de estar despierta, meditando y viviendo la exacta cantidad de horas que determinan un nuevo día, mis especulaciones y suposiciones siguen atormentándome en mi cabeza.
Wow...y es que sacando mis propias conclusiones, basadas en muchas palabras y pocos hechos, todavía no encuentro la respuesta que anhelo a todo aquello que aqueja mi vida.
Es así, como hoy digo que lo que digo y pienso lo que expongo!
Y es que estaba casi segura que este tipo de situaciones podía coincidir con alguna ley de mercado que sostiene que después de toda crisis, viene el auge!...Y por lo visto, no es así.
Desearía que se presentara ante mí un cambio revolucionario, un golpe de estado que destituya a mis principios individualistas y en su lugar, plantee una solución al caos con el que convivo. Algo nuevo que me lleve directo, sin escalas, hacia dicho auge que supuestamente viene luego de la crisis. Pero no, mientras más lo transito, me doy cuenta de que se trata de un proceso lento y complejo. Proceso cuyo éxito y efectividad, dependen de mí.
Si me tomara el trabajo de dividir a este vago proceso en etapas, podría confirmar que la primera se basa en un estado de incógnitas sin respuestas, llena de acertijos impredecibles y grandes abanicos regalándome miles de posibilidades...los cuales me internan en un interrogatorio a la situación, un análisis literal de los sucesos y de los diálogos probatorios del fracaso.
Ay ay ay, definitivamente no se efectuó la compra del producto, o se hizo, pero el pago fue en cuotas, y ese efectivamente no era un medio más apropiado.
Nada que involucre al tiempo es admisible en mis historias.
Sigo aturdida por una infinita cantidad de pensamientos que me transportan al pasado, para analizarlo una y otra vez. La verdad es que estoy cansada de mis especulaciones inciertas y de mis aproximaciones sin sentido.
Sin dudas lo que en este momento necesito, es una sorpresa llena de verdad. Porque por más dolorosa que pueda ser la misma, soy adicta a ella. Si de algo estoy segura, es que el protocolo de cotillón no es lo mío.
Si esta fantástica sorpresa llegara acompañada de un mal trago, como generoso aperitivo, ese sabor sería automáticamente reemplazado por el conocimiento de la realidad como plato principal y la satisfacción como frutilla del postre.
Después de conocerte entendí que hay personas que entran en la lamentable categoría de especie de analgésico con efecto reversible, que en vez de curar, más enferman. Una especie de droga o narcótico que produce adicción, con fuertes deseos de abandono, pero el placer es mayor que el saber intelectual del perjuicio.
Nuevamente apele a la espontaneidad y cuando eso pasa es difícil encontrar precedentes que justifiquen lo actuado, lo pronunciado, lo demostrado.
Es increíble lo que me cuesta mirar la situación con humor. Desearía poder leer mis reflexiones con retrospectiva y sonreír por aquello que me apoderó en este momento y no supe controlar ni evadir .
Tristemente, todavía no me considero capaz de hacerlo porque quedan en mí rastros de aquella tonta que fui.
Wow...y es que sacando mis propias conclusiones, basadas en muchas palabras y pocos hechos, todavía no encuentro la respuesta que anhelo a todo aquello que aqueja mi vida.
Es así, como hoy digo que lo que digo y pienso lo que expongo!
Y es que estaba casi segura que este tipo de situaciones podía coincidir con alguna ley de mercado que sostiene que después de toda crisis, viene el auge!...Y por lo visto, no es así.
Desearía que se presentara ante mí un cambio revolucionario, un golpe de estado que destituya a mis principios individualistas y en su lugar, plantee una solución al caos con el que convivo. Algo nuevo que me lleve directo, sin escalas, hacia dicho auge que supuestamente viene luego de la crisis. Pero no, mientras más lo transito, me doy cuenta de que se trata de un proceso lento y complejo. Proceso cuyo éxito y efectividad, dependen de mí.
Si me tomara el trabajo de dividir a este vago proceso en etapas, podría confirmar que la primera se basa en un estado de incógnitas sin respuestas, llena de acertijos impredecibles y grandes abanicos regalándome miles de posibilidades...los cuales me internan en un interrogatorio a la situación, un análisis literal de los sucesos y de los diálogos probatorios del fracaso.
Ay ay ay, definitivamente no se efectuó la compra del producto, o se hizo, pero el pago fue en cuotas, y ese efectivamente no era un medio más apropiado.
Nada que involucre al tiempo es admisible en mis historias.
Sigo aturdida por una infinita cantidad de pensamientos que me transportan al pasado, para analizarlo una y otra vez. La verdad es que estoy cansada de mis especulaciones inciertas y de mis aproximaciones sin sentido.
Sin dudas lo que en este momento necesito, es una sorpresa llena de verdad. Porque por más dolorosa que pueda ser la misma, soy adicta a ella. Si de algo estoy segura, es que el protocolo de cotillón no es lo mío.
Si esta fantástica sorpresa llegara acompañada de un mal trago, como generoso aperitivo, ese sabor sería automáticamente reemplazado por el conocimiento de la realidad como plato principal y la satisfacción como frutilla del postre.
Después de conocerte entendí que hay personas que entran en la lamentable categoría de especie de analgésico con efecto reversible, que en vez de curar, más enferman. Una especie de droga o narcótico que produce adicción, con fuertes deseos de abandono, pero el placer es mayor que el saber intelectual del perjuicio.
Nuevamente apele a la espontaneidad y cuando eso pasa es difícil encontrar precedentes que justifiquen lo actuado, lo pronunciado, lo demostrado.
Es increíble lo que me cuesta mirar la situación con humor. Desearía poder leer mis reflexiones con retrospectiva y sonreír por aquello que me apoderó en este momento y no supe controlar ni evadir .
Tristemente, todavía no me considero capaz de hacerlo porque quedan en mí rastros de aquella tonta que fui.
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